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 La caída de Lyndiar 1/?

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Alejandro Calero
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MensajeTema: La caída de Lyndiar 1/?   Sáb Mar 22, 2014 8:02 pm

Hola a todos. Esta es una novela que estoy escribiendo, os dejo con el mapa del mundo en el que esta se desarrolla:


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Comencemos pues, con la historia:

Ethian se concentró. Cerró los ojos y juntó sus manos. A continuación, de entre sus manos se podía apreciar una luz. Había logrado crear una bola de fuego, pero inmediatamente después de haberla creado, este lanzó un grito y separó sus manos.

-¡¿Pero qué crees que estás haciendo?!- Renard le bramó.
-¡Lo siento! - Ethian se sentía frustrado. No era la primera vez que ocurría esto, y Renard ya estaba cansado de intentarlo.
-Te lo diré una última vez Ethian, debes concentrarte mejor, si no, nunca lo lograrás. Ya van al menos dieciséis intentos, y lo único que has conseguido ha sido chamuscarte las palmas de las manos.

Renard era un hombre de mediana estatura. Su demacrado rostro mostraba su avanzada edad. Tenía poco pelo, y este, era canoso. Tenía una gran boca, pero lo que a primera vista se podía ver, eran sus ojos verdes, era una persona muy delgada, si se hubiera sacado la camisa, se le podrían haber visto sus costillas sin ningún problema. Siempre llevaba puesta una capa negra, que no le tapaba la cabeza, pero si el resto del cuerpo.

En cambio, Ethian era un joven de apenas dieciséis años. Era alto y de complexión delgada. Tenía el pelo largo y de color castaño. Sus ojos eran de color ámbar, tenía una boca pequeña al igual que su nariz.  Llevaba una camisa y unos pantalones de tela casi nuevos.

-No es tan fácil...-Dijo Ethian en voz baja, casi inaudible.
-¡Deja de poner excusas! ¡Has sido tú el que me ha pedido que le entrenara! -Renard estaba enfadado, pero estaba exagerando, solo intentaba intimidar a Ethian.
-Es verdad...-Ethian se resignó y se colocó de nuevo en posición para intentarlo una vez más.
-Recuerda, debes concentrarte, e imaginar la bola de fuego entre tus manos. La concentración debe ser máxima para que logres realizarlo.
Ethian no respondió. Ya había cerrado los ojos, había colocado sus manos en la posición correcta para realizar el hechizo. Tras esto, se concentró todo lo que pudo, y, como le había indicado Renard, se imaginó entre sus manos la bola de fuego.
Acto seguido, Renard pudo ver como de entre las manos del muchacho, emanaba una fuente de luz incandescente. Lo había conseguido, pero, aún no podía cantar victoria.
Renard le dijo seriamente a Ethian:
-Ahora, lentamente, abre tus ojos, pero no pierdas la concentración en lo que estás haciendo.
Ethian obedeció. Él sabía que lo había logrado, pero aún tenía que terminar lo que había empezado.
Lentamente, Ethian abrió sus ojos y miró al frente.
Renard nuevamente le habló:
-Ethian, ahora, debes pasar a una de tus manos la bola de fuego y lanzarla contra el objetivo. Debes seguir concentrado.
Ethian se concentró mucho más, y se preparó para hacer lo que Renard le había dicho.
Le llevó a Ethian un momento decidir cómo lo iba a hacer, pero tras unos cuantos segundos de duda, tomó una decisión. Apartó la mano derecha de la bola de fuego, y la bola de fuego permaneció en su mano izquierda. Tras esto, se preparó para impulsar su brazo izquierdo, pero antes de realizar esta acción, miró al objetivo, que se encontraba aproximadamente a veinte metros.
Tras esto, estiró su brazo con toda la fuerza que pudo y lanzó la bola de fuego directa al objetivo.

El objetivo, no era más que un saco de arena colgado a un poste, aún así, era bastante pesado, pero la bola de fuego que Ethian había lanzado no tuvo problemas para destrozar al instante el saco lleno de arena.

Renard miró asombrado a Ethian. No esperaba que consiguiera destrozar el objetivo a la primera, pero, lo había conseguido, y con una precisión digna de elogio.

Ethian sonrió a Renard y le preguntó:

-¿Qué tal lo he hecho?
-Nada mal Ethian.-Le respondió Renard, y le devolvió la sonrisa.

Tras esto, Renard se acercó a Ethian y le susurró:

-Ya va siendo hora de que nos pongamos a recoger el trigo, así que, ven y ayúdame.
Renard siguió caminando tras hablarle a Ethian, y este siguió sus pasos.

Había sido un año de cosechas terrible. Por lo que Renard tuvo que vender varias pertenencias personales para poder salir adelante. Las guerras entre el reino de Kraia y el imperio de Lyndiar se habían intensificado en los últimos meses, y muchas zonas que antes eran seguras, se había vuelto peligrosos lugares donde bandidos, saqueadores y desertores acababan con cualquiera que se dignase a pisar un pie en las tierras.
Sin duda eran tiempos difíciles para todos, no solo para Renard y Ethian.

Renard abrió la puerta del cobertizo y sacó dos hoces de este, para poder recoger el trigo fácilmente.
Renard le entregó una de las hoces a Ethian y ambos se dispusieron a recoger el trigo. No era una tarea que les entusiasmara, pero era algo vital para poder sobrevivir.
Debían vender la mayor parte de lo recogido de la cosecha en la ciudad, para poder comprar alimentos básicos y otros objetos. Ya que Renard estaba entrenando a Ethian para ayudarle a convertirse en un mago guerrero.

Al anochecer, Renard y Ethian dejaron de recoger el trigo y guardaron las herramientas en el cobertizo. Habían avanzado bastante con la recolección del trigo, por lo que Renard había decidido que continuarían al día siguiente.

Esa noche, pudieron cenar carne cocida, Renard había intercambiado con uno de los mercaderes de la ciudad de Kraia una gran pieza de carne a cambio de uno de sus libros de hechizos, libro que, anteriormente había copiado, por lo que no supuso una gran pérdida para él.

El lugar donde vivían ambos, era una pequeña casa de tres habitaciones. La cocina, una habitación con las camas de ambos y un baño, algo que pocas veces se podía ver, ya que la mayoría de hogares no contaban con baño, pero que Renard se había encargado de construir.
A parte de esto, la propiedad de Renard contaba con una parcela de tierra dedicada exclusivamente a la plantación de trigo.
La propiedad estaba rodeada por una valla de apenas un metro de altura, que construyeron cinco años atrás.

La vida de Renard y Ethian era bastante tranquila. Desde que Ethian tenía seis años, Renard le había enseñado todo lo que conocía sobre medicina, matemáticas, gramática, magia y otros temas no menos importantes. Tras diez años aprendiendo sobre todo esto, Renard había decidido dejar de enseñarle teoría, y pasar a la práctica.
Ethian, con tan solo cinco quedó huérfano de padres, por lo que se vio en la misma situación que otros muchos niños de su edad. Sus padres fueron asesinados por las tropas del general Alahyork. Un vasallo del rey del imperio de Lyndiar.
Ethian, con cinco años de edad, se encontraba moribundo en las calles de la ciudad. Sin un lugar al que ir. Pero, en esos momentos no se echó a llorar, hizo lo que tenía que hacer para sobrevivir.

Un día se encontró con Renard, más bien, Renard encontró a Ethian, y este, vio en Ethian mucho potencial, por lo que lo sacó de las calles y lo llevó a su casa, dónde comenzó a cuidar de él y a enseñarle todo lo que sabía.

Ethian aprendía rápido, y se acostumbró a la vida con Renard. Desde muy pequeño, ayudó en todo lo que pudo, a cambio, Renard cuidaba de él.
Para Ethian, Renard era como un padre, le había enseñado, cuidado y tratado con él, por lo que Ethian siempre estuvo agradecido de todo lo que Renard había hecho por él.



Ambos estaban sentados en la mesa, la habitación estaba iluminada por una vela de llama azul. Una llama que podía estar hasta cinco lustros dando luz. Un hechizo simple, que Renard había enseñado a Ethian dos años atrás.
El suelo de la casa estaba constituido por madera ya muy deteriorada y carcomida, pero Renard no podía cambiarlo, aunque no suponía un problema mayor para ninguno de los dos.
Renard dejó a un el plato y empezó a hablarle a Ethian.
-A partir de mañana empezaremos a practicar conjuros de sanación, dentro de una quincena debemos realizar un trabajo en una granja cercana a la ciudad de Kraia.
Ethian al oír esto, se alegró mucho. Si había algo que Ethian deseaba más que nada, era aprender conjuros de sanación.
-¡Bien!- Ethian no pudo contener la alegría, y este, esbozó una sonrisa.
Renard le miró seriamente y continuó hablando.
-Al parecer, unos lobos atacaron a su rebaño de ovejas y varios animales se encuentran heridos.
Renard hizo una pausa para comer un poco de carne que quedaba en su plato, y tras masticar y tragar la carne continuó con la conversación.
-No son heridas graves, por lo que no necesita nuestros servicios inmediatamente, aun así, tenemos tan solo tenemos quince días para que aprendas a controlar los conjuros de sanación básicos.
Ethian seguía ensimismado, aún no podía creer que al día siguiente comenzaría su entrenamiento con conjuros de sanación.
Su ensimismamiento duró poco, ya que Renard, al ver que Ethian no respondía le gritó.
-¡Ethian!
-¿Eh? –Ethian miró sorprendido a Renard.
-¿Me estás escuchando? –Renard intentó parecer serio, pero realmente tenía ganas de reírse.
Ethian, que ya conocía de sobra a Renard le miró y asintió mientras sonreía.
A continuación Renard finalizó la conversación.
-Bien, termina de comer y vamos a dormir, que ya va siendo hora.
Renard se levantó se su silla y cogió su plato. A continuación lo colocó en un balde con agua limpia y lo dejó en remojo.

Tras esto, se dirigió a la habitación para ir a dormir. Pero, antes de entrar en la habitación le dijo unas últimas palabras a Ethian.
-Cuando termines de comer, coloca el plato en el balde y apaga la llama azul.
Después de decir esto, se cerró la puerta de la habitación.

Ethian terminó de comer lo más rápido que pudo y tras terminar de comer colocó el plato junto al de Renard en el balde. Antes de dirigirse a la habitación, miró fijamente a la vela, en la cual se encontraba la llama azul, y este, recitó el siguiente conjuro:

-Itnia rubue siliare.

Tras decir esto, la llama se desvaneció. Ethian se dirigió hacia la habitación y abrió la puerta.
Al entrar, Renard ya estaba en su cama, por lo que Ethian se acostó en la suya y se quedó pensativo.

Sin duda había sido un gran día para él. Había aprendido a dominar un hechizo que podría llegar a ser muy poderoso. Él sabía que tendría que aprender a crear una bola de fuego mucho más grande si realmente quería conseguir algo, pero lo que había hecho era un buen comienzo.
Además, tampoco se podía sacar de la cabeza la idea de que al día siguiente pudiera empezar a aprender conjuros de sanación, algo que cualquier mago debería saber.


Los primeros rayos de sol entraron por la ventana, y Renard se despertó debido a esto. En cambio, Ethian seguía durmiendo plácidamente.
Renard se incorporó, le costó un poco, debido a su edad, pero no supuso un problema mayor.
Tras levantarse miró un instante a Ethian y le bramó:
-¡Ethian! ¡Ya es de día!
Ethian se sobresaltó y de un salto salió de la cama y se puso en pie.
Antes de que Ethian pudiera decirle nada a Renard, este, ya había salido de la habitación. Por lo que Ethian no se lo pensó dos veces y le siguió hacia la cocina.
Renard sacó de una bolsa un trozo de pan de centeno, y de otra bolsa un poco más pequeña, un trozo de queso de cabra.
Ambos se sentaron y empezaron a comer lo que Renard había sacado de la bolsa.
Desayunar era algo que hacían a diario, por lo que apenas tardaban diez minutos en terminar de comer.
Después de desayunar, ambos salieron de la casa y se dispusieron a empezar el entrenamiento.
Renard le pidió a Ethian que esperara un momento en el lugar donde siempre practicaban, mientras, este se dirigió hacia la parte trasera de la casa, en ese lugar, Renard había construido un pequeño corral el que habían cinco gallinas, una de ellas tenía una para rota, por lo que era perfecto para el conjuro que Ethian iba a realizar.
Renard abrió la pequeña puerta del corral y con cuidado de no espantar a las gallinas se aceró a la gallina que tenía la pata rota, y lentamente extendió sus brazos y la agarró. Durante un momento, la gallina intentó forcejear, pero al ver que esto era en vano, desistió cualquier intento de escape.

Cuando Renard apareció, Ethian había creado una bola de fuego y la sostenía entre sus manos. Era una bola de fuego notablemente más grande que la que había creado anteriormente, pero no suponía ningún problema para Ethian el crearla.
Renard se quedó expectante y esperó para ver lo que Ethian tenía pensado hacer con la bola de fuego. Durante unos segundos, vio como la bola de fuego se hizo mucho más grande, tan grande que tenía que elevarla por encima de su cabeza.
Renard estaba impactado. Nunca había visto a un aprendiz de mago realizar nada parecido. Mientras pensaba esto, Ethian con ambos brazos impulsó la bola de fuego, y como si de un ataque se tratase lanzó la bola de fuego, pero no hacia ningún lugar en especial, porque él ya sabía que era demasiado grande como para dejar que explosionara en el lugar. Por lo que con todas sus fuerzas impulsó sus brazos y arrojó la bola de fuego hacia el cielo, y en apenas unos segundos, esta había desaparecido de la vista de ambos.
Renard no salía de su asombro, seguía sin creer lo que acababa de ver. Pero no perdió la compostura y se acercó hasta Ethian.
Como si nada hubiera pasado, Renard empezó a comunicarle lo que debía hacer:

-Esta gallina tiene una para rota. Lo que tienes que hacer, es curar con un conjuro de sanación la pata. –Renard miró a la cara a Ethian durante un instante y nuevamente fijó su vista en la gallina.
Tras esto, continuó hablando.
-Estaba pensando en que usaras un conjuro de nivel bajo, pero tras ver lo que has hecho con esa bola de fuego, he pensado que lo mejor es que aprender directamente un conjuro de sanación de nivel medio. Eres realmente bueno, pero no te lo tengas muy creído. –Cada día que pasaba, Renard se asombraba más con las habilidades de Ethian, pero no podía alabarle demasiado para que no se creyera más de lo que era.
-Claro. – Ethian le respondió al momento.
-Bien, lo primero que tienes que hacer, es concentrarte en el animal que tienes delante. En este caso, esta gallina. Tienes que fijarte en su herida, mirarla detenidamente, y hacer una imagen en tu mente de esta. –Renard miró detenidamente a la gallina y luego continuó con la explicación.
-Tras esto, debes pronunciar las siguientes palabras:
- “Ente Ciquinia Creiae”
-Recuerda, debes estar totalmente concentrado, y tener en tu mente la imagen de lo que quieres que se sane. –Durante un momento Renard estuvo pensativo, pero tras pensar un momento, recordó lo que debía decir a continuación.
-Casi se me olvida…-Dijo Renard en voz baja.
-La parte más importante. Debes colocar tu mano suavemente en la zona que quieres curar. Esto tienes que hacerlo mientras recitar el conjuro.
-Está bien. –Ethian quería realizar el conjuro lo más pronto posible.
Renard sostuvo la gallina mientras Ethian miraba detenidamente la pata de la gallina. Tras unos segundos, Ethian cerró los ojos y colocó su mano suavemente sobre la pata de la gallina.
La gallina nuevamente se asustó, pero no forcejeó como en la vez anterior, por lo que no fue un problema mayor.

Ethian se concentró todo lo que pudo y a continuación recitó el conjuro que Renard le había enseñado.
-“Ente Ciquinia Creiae” – Tras recitar el conjuro, la pata de la gallina cambió de posición. Lo había logrado.
Renard miró la gallina y tras mirarla, sonrió a Ethian.
-Bien, lo has hecho muy bien. –Renard sabía que era el primer día de entrenamiento y que ya habían avanzado hasta el nivel medio de conjuros de curación. Por lo que decidió no seguir practicando ese día, y terminar de recoger el trigo, ya que debía tenerlo listo para el día siguiente y poder llevarlo a la ciudad, lugar dónde lo venderían.
Un día más, Renard y Ethian cogieron las hoces del cobertizo y recogieron todo el trigo que pudieron hasta que el sol no les permitió seguir.
Junto a la puerta de la casa había un pequeño abrevadero, y junto a este, un poste del cual se encontraba amarrado un biom.
Los biomes eran animales que podían recorrer grandes distancias sin necesidad de beber agua. Además podían soportar grandes cargas y alcanzar altas velocidades si lo necesitaban.
Junto al gran animal, se encontraba una carreta de medianas proporciones, la cual,
usaban para transportar el trigo hasta la ciudad.

Tras recoger el trigo, lo pusieron en la carreta y para que este no sufriera ningún daño durante el transporte, le pusieron una manta por encima. Después de esto, ataron al biom a la carreta y ambos se pusieron en marcha.

Los campos que rodeaban al terreno que pertenecía a Renard estaban cultivados con centeno y kriam. Ambos eran cereales que los campesinos cultivaban, para luego vender a mercaderes ambulantes.
La región en la que vivían contaba con buen clima durante todo el año. Nunca hacía un frío excesivo o nevaba. Por lo que era una ventaja para los campesinos de la región.

Mientras iban de camino a la ciudad, Ethian le preguntó a Renard.
-¿Vamos a vender el trigo y ya está?
-No. – Le respondió Renard al instante.
-Tengo que comprar algunas herramientas y plantas curativas para realizar medicinas. –Tras esto, Renard no parecía querer continuar la conversación, pero Ethian continuó preguntando.
-¿No es demasiado caro comprar las herramientas?
-No, no lo es. Se las compraré a un viejo amigo comerciante. – Renard había vivido más de quinientos años. Durante todo ese tiempo, había conocido a muchísimas personas, por lo que tenía muchos amigos y contactos.
El resto del camino ambos permanecieron en silencio. Por suerte, no había demasiada distancia entre la ciudad de Kraia y la aldea en la que ellos vivían. El recorrido era de unos veinte kilómetros, la aldea de Alaghur era una de las que se encontraba más cerca de la capital del imperio, por lo que los bandidos no rondaban las tierras circundantes.

Tras algo más de una hora de viaje consiguieron llegar a la entrada de la ciudad.
Una gran muralla de piedra de al menos quince metros de altura resguardaba de enemigos a la  ciudad. La entrada, contaba con una verja de hierro forjado que a simple vista parecía muy resistente, aunque también se podía apreciar que el tiempo había hecho mella en el metal.
En la entrada había dos guardias cobrando el peaje de entrada a la ciudad. Últimamente el peaje era más barato debido a que el reino necesitaba dinero, por lo que, cuanto más barato fuera el impuesto de entrada, más personas podrían entrar, por lo que al final, aunque muchas más personas de clases sociales bajas entraran, podrían recaudar más dinero necesario para campañas militares contra el imperio de Lyndiar.

Ambos bandos habían sufrido grandes pérdidas durante el medio milenio que había durado la guerra, además, no iba a haber una tregua cercana. El rey Etherled IV del reino de Kraia sentía una gran aversión hacia el rey Eohmuld II del imperio de Lyndiar. Por lo que no aceptaría una tregua del rey Eohmuld. Tanto Renard como Ethian detestaban todo lo que tuviera que ver con la nobleza, debido a que estaba corrupta desde sus raíces, lo peor, era que los mismos reyes lo permitían.

Tras pagar el peaje de entrada, pudieron ver que en la plaza central se encontraban la mayoría de comerciantes vendiendo toda clase de productos. Especias traídas de la isla de Cadeyrn o pieles traídas de los lejanos bosques de Dummonrix. Toda clase de personas se reunían en la plaza del comercio.
La mayoría de los edificios de la ciudad eran edificios de dos o tres plantas, y en la planta baja de estos se encontraban la mayoría de comercios locales.
Ethian no iba muy a menudo a la ciudad por lo que siempre que iba con Renard se asombraba de todo lo que veía.
Ese día, ambos vendieron el trigo en sacos de cinco kilogramos.
Lograron venderlo todo debido a que muchos comerciantes ambulantes compraban el trigo a un bajo coste y luego, lo vendían en tierras lejanas a un precio elevado.
Ese año el trigo escaseaba en la región, por lo que las ganancias aumentaron considerablemente.
Cuando terminaron de vender, ya había empezado a atardecer, pero aún la plaza seguía tan bulliciosa como horas antes.
Renard decidió ir a hablar con el comerciante con el que había acordado comprar las herramientas y hierbas medicinales.
Ambos se subieron a la carreta y salieron de la bulliciosa plaza principal. Ethian no tenía ni idea de donde se encontraba el lugar de venta.
Recorrieron las estrechas y sucias callejuelas hasta llegar a una pequeña tiendecita con un viejo y destartalado cartel en el que se podía leer:
“Hierbas Medicinales Vaknix”
En la calle donde se encontraba la tiendecita  no había nadie más que ellos.
Ethian pensó que debía ser una tienda muy poco conocida, pero al entrar dentro, se dio cuenta de que no era así.
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Alejandro Calero
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MensajeTema: Re: La caída de Lyndiar 1/?   Sáb Mar 22, 2014 8:03 pm

Recomiendo encarecidamente escuchar esta música celta mientras se lee la historia:

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Un saludo a todos  Smile 
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WolfxD



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MensajeTema: Re: La caída de Lyndiar 1/?   Sáb Mar 22, 2014 8:17 pm

:v
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Alejandro Calero
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MensajeTema: Re: La caída de Lyndiar 1/?   Sáb Mar 22, 2014 8:18 pm

WolfxD escribió:
:v

¿Qué te ha parecido?  Smile 
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